Libro de inventario
Publiqué Libro de inventario a finales de 1999. En total son veintidos cuentos, la mayoría inéditos hasta esa fecha. Iré subiendo los cuentos en formato PDF hasta completar el libro. De momento, dejo aquí el prólogo que me escribió Norberto Luis Romero.
LO DICHO Y LO CALLADO
Con éste, su primer libro de cuentos, Arturo Ledrado propone un inventario de su universo personal mediante un conjunto de narraciones breves, algunas brevísimas, pero todas ellas igualmente luminosas y reveladoras. Y expone estos hallazgos dejando huecos, espacios vacíos que producen un desconcierto momentáneo en el lector, quien no tarda en advertirlos y debe, entonces, llenarlos para alcanzar el sentido último de los relatos. Por eso, lo esencial en estos cuentos ocurre en el intertexto, en los aparentes silencios, en las elipsis, en los supuestos olvidos; porque también el vacío y la ausencia son otras de las substancias con las que Arturo Ledrado modela una realidad paralela, mudo reflejo de otra evidente, aunque también oscura y tortuosa.
En Libro de inventario, el lector se involucra con una ineludible láquesis, la cual, con igual falta de remordimiento y moralidad, asigna las suertes a víctimas y verdugos en cuentos de asesinos y suicidas. La violencia es otro de los materiales con los que trabaja Arturo Ledrado, a veces expuesta con enorme sencillez, otras con una estructura fragmentada, y abruptos cambios tonales, que actúan por contraste y cierran la trama con una revelación contundente. Es el caso de «Medias negras de seda», donde narraciones paralelas confluyen, una vez más, en la fatalidad. Tonalidades, silencios, síncopas, elipsis, elementos cargados de sugestividad, que dan brillo, viveza e intensidad; y al hablar de intensidad me refiero a la intensidad como la entendió Cortázar al referirse al cuento: «...la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o fases de transición que la novela permite o incluso exige». Técnicas estas, las de Ledrado, que coinciden también con lo que Italo Calvino propuso para la literatura de este último milenio, pero que él llamó levedad: «quitar lastre y hacer de lo evidente sugerencia, del hecho flagrante intención».
En este libro, la muerte es otra constante cuyo peso no radica en el hecho en sí, sino en sus secuelas generadas: la ausencia, el abandono, cuya fuerte identidad toma cuerpo y se solidifica. Muerte y muertos nos hablan desde su propia ausencia corporizada, con una voz llena de resignación. Es en esta relación del autor y los personajes con la muerte, con la pérdida, donde se advierten más decididamente ecos rulfianos.
Como todo inventario, éste primero de Arturo Ledrado, se compone de cosas dispersas: piezas mínimas cuyo verdadero valor se sustrae a la evidencia y se refleja en su trasfondo: la atmósfera de fatalidad permanente, de pérdida y remembranza; la epifanía, que lejos de estallar como un fuego de artificio final y sorprender por la espalda, se mantiene agazapada a lo largo del intertexto y el tono de los relatos, pues crece con una luminosidad constante hacia el final, y su inercia perdura más allá de lo dicho; la elipsis, el silencio, son los materiales estilísticos que engarzan uno a uno los relatos -aunque diferentes en su temática o en su técnica narrativa-, y les otorgan una identidad y coherencia sólidas como conjunto.
En suma, en Libro de inventario está lo hallado, pero también lo perdido, lo irrecuperable e, incluso, lo que queda por hacer: los proyectos en ciernes murmurados desde el silencio de las páginas en blanco.
Norberto Luis Romero






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