[Memoria apócrifa de Rivas-Vaciamadrid. Segunda entrega] De dónde pudo estar la Insigne Universidad de Vacía Madrid, a estas alturas, los historiadores no han hallado referencia que ubique el campus vaciamadrileño. Sí sabemos que la época de máximo esplendor de la académica institución se remonta al último cuarto del siglo XVII, y abarca también el primer cuarto del XVIII. Así lo sustentan los restos de un archivo que, si con el paso de los años perdió la mayor parte de sus piezas, aún presenta una buena colección de manuscritos. A estos manuscritos, hay que sumar algunos libros editados bajo sello de la universidad. Los menos, como atestigua la marca de agua, fueron impresos en papel fino del molino de Palomera, un ingenio establecido por el maestro papelero genovés Juan de Otonel en 1613 en las orillas del río Huécar, en Cuenca. Los más, en papel de baja calidad y procedencia desconocida. Con todo, los títulos publicados en el entorno de la Insigne Universidad de Vacía Madrid son muy escasos, apenas una docena, y ninguno ha sido reimpreso. Editar en el XVII no era fácil: a la escasez de trapo para fabricar papel, hay que sumar los arbitrios que, hasta la Real Cédula de 1672, gravaban tanto la importación como la producción nacional de papel.
Como hemos mencionado, los manuscritos constituyen el grueso de los archivos de la Insigne Universidad de Vacía Madrid, y entre ellos destaca el titulado Conclusiones sustentadas en la Insigne Universidad de Vacía Madrid, del Bachiller Cacao, que se conserva en la Biblioteca de Catalunya, inventariado con la referencia Ms. 1770. Es un texto de finales del siglo XVII, transcrito en el XVIII por Jacinto Castañeda y otros copistas. El documento procede de la biblioteca de Antoni Massot, y fue adquirido por la Biblioteca de Catalunya en 1956. Entre los estudios dedicados a las Conclusiones, destaca el firmado por el profesor Layna Ranz, publicado en 1995 en la sexagésimo cuarta entrega de la revista Criticón.
Las Conclusiones, dice Layna Ranz, “podrían pasar por un entremés a no ser quizá por su excesiva longitud”. Para conocer el contenido de este largo entremés, nos remitimos al estudio publicado en Criticón, que incluye el texto íntegro del manuscrito. Para nuestros propósitos, nos importan más los nombres que aparecen a lo largo de estas conclusiones versificadas, porque ayudarán sin duda a reconstruir la historia de Rivas-Vaciamadrid durante los siglos XVII y XVIII. Entre los nombrados figuran, además del principal ponente bachiller Cacao, los doctores Guajaca y Campeche, los maestros Pantostado y Jícara y los licenciados Molinillo y Toalla. Pero sobre todo interesa la referencia “al marqués de la casa de Ladrada”, pues ese parece ser el linaje de la mujer conocida como Maripérez, avecindada en Vaciamadrid y experta en la preparación del chocolate. De Maripérez, en otros documentos de la época se dice que, además, era “conocida por su mal modo de vivir” y que “se dedicaba a sacar fruto de los matrimonios secretos”.
A este peculiar personaje, Maripérez de Vacía Madrid, que también tiene vínculos con Olivares, el conde duque que tanto triscó por estos páramos, dedicaremos la próxima entrega de estas memorias.

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